Publicado originalmente en Nació Digital

Hace meses que se habla mucho de comunidades energéticas , a menudo con cierta confusión. Y es que, en general, se asocia este modelo que permite a la ciudadanía participar en la transición energética al autoconsumo solar compartido . Sin embargo, sus impulsores defienden con vehemencia que va mucho más allá de esto : no sólo facilita promover desde bajo cambios en el modelo energético -tanto en el ámbito eléctrico como en el térmico o el de movilidad-, sino que es una forma de empoderamiento ciudadano .
La primera ola de comunidades energéticas está empezando a dar sus frutos, con decenas de municipios catalanes donde los socios de las cooperativas -la fórmula jurídica más utilizada- empiezan a recibir energía 100% renovable . Además, en los próximos meses se vivirá una segunda ola por la replicación de proyectos pioneros así como por la apuesta por este modelo por parte de varias administraciones.
¿Qué es y cómo se define una comunidad energética? ¿Cómo funciona y se reparte la producción de energía renovable? ¿Cómo se financia y qué asesoramiento puede recibir? Preguntas complejas que intentamos resolver en este reportaje.
¿Qué es una comunidad energética?
Una comunidad energética podría definirse, de forma sencilla, como un colectivo de gente que se organiza para trabajar en favor de la transición energética . Esto da un campo de juego muy amplio que ha provocado cierta “confusión”, según admite Ermen Llobet , presidente del consejo rector de Osona Energía Cooperativa , una cooperativa de segundo grado que agrupa a comunidades de esta comarca y más allá .
De hecho, en los últimos tiempos se le ha llamado comunidad energética a cosas muy diferentes : desde cooperativas, con proyectos de transformación reales del ámbito local, a grupos de vecinos que ponen conjuntamente una cubierta solar en la azotea del edificio. Incluso algunas de las grandes empresas eléctricas -la antítesis de lo que supone este modelo ciudadano desde abajo- han promocionado instalaciones colectivas utilizando este reclamo.
Ahora bien, un nuevo marco legal tenderá a resolver este batiburrillo. Dos directivas europeas lo regulan con dos figuras diferenciadas: las comunidades de energías renovables y las comunidades ciudadanas de energía . Un decreto ley de mayo de este año las transpuso al marco jurídico estatal mientras que el real decreto que las desarrolla está actualmente en tramitación . Tras la exposición pública, debe pasar por el Consejo Nacional del Mercado de Valores y por el Consejo de Estado, antes de ser aprobado por el consejo de ministros, según explican fuentes del ministerio consultadas por Nación .
La figura de comunidad de energías renovables es la que corresponde a lo que popularmente se entiende como comunidad energética y que, a diferencia de un grupo de vecinos, requiere tener una fórmula jurídica . La más habitual es en forma de cooperativa de consumo , pero también podría ser una SL -como el caso de El Prat de Llobregat- o simplemente una asociación . Así queda definida en el borrador de Real Decreto en tramitación.
Una comunidad de energías renovables es una entidad jurídica basada en la participación abierta y voluntaria, autónoma y efectivamente controlada por socios o miembros que están situados en las proximidades de los proyectos de energías renovables que sean propiedad de esa entidad jurídica (…) y que su finalidad primordial sea proporcionar beneficios ambientales, económicos o sociales a sus socios o zonas locales donde operen, en vez de ganancias financieras.
Por otra parte, las comunidades ciudadanas de energía regulan modelos como el de Som Energia , cooperativas de consumo de mayor dimensión que también pueden actuar como comercializadoras de energía renovable.
A estas alturas, según admite el Departamento de Acción Climática , es imposible saber con exactitud cuántas hay en Catalunya, ya que aparte de determinar qué es una comunidad, no hay ningún registro oficial . En este sentido, el real decreto del ministerio prevé la creación de uno estatal, sin perjuicio de que cada comunidad tenga su listado.
¿Cómo funciona una comunidad energética?
Las comunidades energéticas necesitan para funcionar una entidad jurídica. Ramon Roig , presidente del consejo rector de Balenyà Sostenible , considera que la fórmula que más se adecua es la de cooperativa de consumidores. En el caso de este municipio del sur de Osona, uno de los pioneros en Catalunya, los 170 socios iniciales realizaron una aportación de capital de sólo 50 euros para iniciar la actividad.
Sin embargo, también hay varios casos que se ha optado por ser una asociación, como es el caso de las dos primeras comunidades que han surgido en el Ripollès . «Es un camino más rápido que nos permitía optar a una línea de ayudas», explica Gaspar Tarrida , de Energía Santjoanina . Sin embargo, ya han comenzado los trámites para convertirse en cooperativa. «El proceso es mucho más largo, pero para generar actividad económica da mucha más seguridad jurídica a los socios», añade Roig.
Muchas comunidades energéticas poseen cubiertas solares en edificios municipales. Foto: Cedida por Balenyà Sostenible
Una vez constituidos formalmente, ya se pueden empezar a impulsar proyectos de transición energética. En la gran mayoría de casos se ha optado por empezar por cubiertas solares. Municipios de Osona como Balenyà y Olost fueron pioneros en establecer una fórmula jurídica: el ayuntamiento cede el tejado de un equipamiento y es la comunidad la que construye y gestiona la instalación fotovoltaica.
A partir de aquí se decide cómo se reparte esta energía . Una parte puede cederse al ayuntamiento -en el marco del contrato de cesión- y la otra se divide entre los socios de la cooperativa. Normalmente, a cada familia le corresponde entre 1 y 1,5 kW, para adecuarse al consumo de un hogar en horas de sol (cubriendo al menos un tercio del total). Además, en algunos casos, se destina un porcentaje de energía a familias vulnerables.
¿Cómo se financian las instalaciones de una comunidad energética?
Salir adelante estas instalaciones no es barato . Una opción es que cada socio haga un aporte para salir adelante -cada kW de energía solar fotovoltaica equivale aproximadamente a 1.000 euros-. Otra que han utilizado la primera ola de comunidades, aprovechando el contexto de los fondos Next Generation , han sido líneas de ayuda como los CE-Implementa . Ahora bien, tener la ayuda concedida no significa disponer del dinero en la cuenta y, por este motivo, muchas veces debe recurrirse a la financiación, por ejemplo con instrumentos del mundo cooperativo como Coop 57 .
Otra vía que se ha abierto recientemente, especialmente en las comarcas barcelonesas, ha sido que el ayuntamiento no sólo ceda el tejado sino también la instalación de la cubierta solar . Aprovechando el ambicioso programa Renovables 2030 -la Diputación de Barcelona invierte hasta 114 millones de euros- , algunos municipios han optado por facilitar el desarrollo de las comunidades.
“Inicialmente eran proyectos para abastecer a equipamientos municipales. Pero rápidamente vimos que tenía todo el sentido del mundo que parte de la producción sirviera para los vecinos del entorno”, explica Marc Serra Solé , diputado de Acción Climática del ente supramunicipal. De hecho, en la segunda convocatoria de Renovables 2030 la mayoría de propuestas ya estaban vinculadas a comunidades y en el nuevo programa -aún por definir- será una condición necesaria así como ceder parte de la energía a familias vulnerables. Uno de los ámbitos de inversión, según avanza Serra Solé en Nación , será el almacenamiento: baterías para poder consumir la energía en horas sin sol .
«Son comunidades que comienzan dopadas», explica gráficamente Gil Salvans, director técnico de la Agencia Local de la Energía de Osona y alcalde de Olost. Considera que es una buena forma de acelerarlas, especialmente en pueblos pequeños. Destaca el caso de Alpens -270 habitantes y unos sesenta socios- donde este otoño han instalado las placas en el edificio de la Fàbrica Vella. «Será una comunidad que en dos o tres años ya podrá estar trabajando por ejemplo en proyectos como un parque solar o aerotermia en las viviendas», añade.
En este sentido, todos los expertos consultados destacan la importancia de ir más allá de las cubiertas fotovoltaicas y es que el grueso de las emisiones se producen en el ámbito térmico y la movilidad . En este sentido, los proyectos de segunda generación de las comunidades más consolidadas pasan por implicar a las industrias y los comercios, al empezar a construir parques solares sobre terreno, al tener pequeñas flotas de vehículo eléctrico compartido así como en redes de calor y climatización centralizadas, a partir de energías renovables como la geotermia o la biomasa forestal.
Cada uno se acerca a una comunidad energética por un motivo diferente, pero personas como Gaspar Tarrida ponen más el acento en la comunidad que en la energía . “Queremos transformar el modelo energético, pero no sólo eso. También puede acabar trabajando o colaborando en cuestiones como el consumo agroecológico o el compostaje compartido, entre otros”, explica en declaraciones a Nación .
¿Cómo se ayuda a las comunidades energéticas?
Uno de los problemas de la transición energética -lo denuncian las grandes patronales, lo reconocen las instituciones y también lo sufren los ciudadanos que quieren hacer autoconsumo- son los trámites administrativos . «El sistema es dramáticamente complejo «, asegura Ramon Roig, presidente de Balenyà Sostenible, una cooperativa que ya ha movilizado unos dos millones entre proyectos ejecutados y concedidos.
En este sentido, más allá de disponer de grupos motores potentes, es necesario soporte profesional . En Osona se ha optado por la cooperativa de segundo grado con el fin de asumir buena parte de estas tareas imposibles de realizar por parte de voluntarios mientras que Somos Comunidades -proyecto de Som Energia, Som Mobilitat y la cooperativa de segundo grado e-Plural- ofrece software de gestión, aparte de promover nuevas iniciativas.
También están jugando un papel importante las oficinas comarcales de transición energética , impulsadas por el Instituto Catalán de la Energía y que pretenden funcionar como ventanilla única en este ámbito, uniendo recursos técnicos y materiales de otras administraciones como la Diputación de Girona y los grupos Leader, entre otros.
En el Ripollès , por ejemplo, han realizado un diagnóstico de qué cubiertas municipales se pueden utilizar para facilitar el trabajo de las primeras comunidades energéticas. Además, en municipios muy pequeños donde es muy difícil constituirlos, han optado por facilitar proyectos de autoconsumo compartido entre el ayuntamiento y grupos de vecinos.
Por último, la propia Diputación de Barcelona acaba de hacer una apuesta muy potente por promover las comunidades energéticas. Más allá de vincular las inversiones en energías renovables a esta forma de autoorganización ciudadana, ha anunciado recientemente la puesta en funcionamiento de una oficina técnica con un presupuesto de 1,3 millones de euros .
«Las comunidades se enfrentan a muchas dudas legales, tecnológicas, de modelo de negocio así como trabas burocráticas «, admite el diputado de Acción Climática. En este sentido, pretenden acompañar tanto a los municipios como a la ciudadanía organizada para hacer posible los proyectos de transición energética. Por el momento, han asesorado a una séptima de entidades “en fase incipiente”, pero el objetivo marcado es favorecer la constitución de 50 comunidades .